En Bernal hubo un club de fútbol de Primera División. Aunque fue hace mucho tiempo. Tanto, que cuando yo era chico ya solo lo recordaban unos cuantos veteranos... En esa casa medio derruida cerca de la barrera. Ahí vivía el peluquero con sus hermanas solteronas. Antiguos vejestorios, .
El Padre Consejero lo había dicho claramente. "Hijos, la oración debe usarse para las cosas grandes, trascendentes...". Por eso cuando yo rezaba le pedía a Dios que hiciera salir campeón a Quilmes.
El mejor arquero de Quilmes de la historia fue aquel tipo alto, de bigotes, que usaba rodilleras y no usaba guantes. Y mientras jugaba siempre sonreía. Aunque...cómo se decide quien fue, en cada puesto, el mejor jugador de Quilmes?
Es extraño. Nunca pude odiar a aquellos obstinados cuadritos de la "B" cuya única obsesión era ganarle a Quilmes. Ni olvidar a sus entrañables jugadores de sainete.
Los dos tucumanos habían aparecido de la nada. Ninguno los conocía cuando se pusieron la blanca en la cancha de Ferro, aquella primera fecha a mediados de los ´50. Pero jugaron maravillosamente.
Siempre recuerdo la remota noche de domingo en que fuimos con mi padre a comprar la "Crítica" sexta. Mientras esperábamos junto al kiosko sobre el andén de la estación Bernal, en un paquete preparado para la devolución pude leer el lema del diario.